Un personaje bastante contradictorio: crear personajes interesantes en la ficción

«Solo aprendiendo a vivir en armonía con tus contradicciones podrás mantenerlo todo a flote». -Audre Lorde

Ayer por la mañana me vestí con lo que se ha convertido en un atuendo muy típico para mí en los últimos dos años. Mi camisa crema suave tenía un borde de encaje y un lazo en la espalda. Mis botas, por otro lado, eran unas Docs marrones que pateaban la mierda, y lo que colgaba de mis aretes solo podía describirse como puntas de metal. Ahora no soy, ni nunca he sido, una figura de moda, pero el atuendo funcionó para mí por una razón: sus contradicciones crearon equilibrio. El look no era tan enfermizamente dulce como para ahogarme en mi propio vómito con sabor a algodón de azúcar, ni lo suficientemente nervioso como para dejarme como un fanático del grunge que no se había dado cuenta de que los noventa murieron poco después de que Kurt Cobain. Si el producto final estaba de moda, no lo sé ni me importa, pero pocos podrían negar que fue interesante.

Hace poco me preguntaron qué personajes disfruto más escribiendo. Mi respuesta fueron aquellas con mayores contradicciones, porque, al igual que mis elecciones de ropa, las encuentro interesantes. Por contradicciones, no me refiero a los defectos que estropean a un personaje bueno (es decir, aburrido), sino a las duplicidades que dejan al lector sacudiendo la cabeza y asintiendo al mismo tiempo. Cuando un escritor puede tomar un personaje que creemos que conocemos y hacer que actúe de una manera sorprendente pero también creíble, está usando la contradicción para crear interés. Esa es la caracterización perfeccionada.

Uno de mis personajes favoritos para escribir es Sage, porque es el crítico más agudo de mi personaje principal, pero también su mejor y más honesto aliado. (Y no, todavía no creo que ella debería haber terminado románticamente con él más de lo que Harry debería haber terminado con Hermione. Adelante, gente). Pero Sage no siempre fue de dos lados. Cuando comencé a escribir, él era solo otro hombre que pensaba que era superior a mi heroína debido a su tamaño, fuerza y ​​talento. En otras palabras, él era para mí, como le habría parecido a un personaje como Alex que acaba de conocerlo. No fue hasta más adelante en la historia (y más tarde en mi proceso de escritura) que reveló otro lado de sí mismo. En ese momento, pasó de ser divertido de escribir a ser interesante de escribir (y, con suerte, de leer).

Ciertamente no soy el primer escritor en descubrir que las contradicciones crean los mejores personajes. Casi todos los personajes realmente memorables de la literatura tienen al menos un momento que llama la atención del lector. Entonces, ¿cómo lo hacemos como escritores? Cuidadosamente. Si se hace demasiado pronto, el lector puede confundirse, inseguro de lo que es «normal» para el personaje en cuestión. Si lo hace con demasiada frecuencia, puede crear un personaje que parezca poco fiable o poco realista. Tu objetivo es llamar la atención, no dejarlos dando vueltas.

Mi consejo es que te tomes el tiempo para desarrollar tus personajes. Asegúrese de quiénes son y por qué son de esa manera. (Sin embargo, tenga cuidado con el por qué, ya que es probable que toque la historia de fondo, que puede o no tener un lugar en su trama). Cuando esté seguro de que su lector está seguro, profundice un poco más. Encuentra lo que tus personajes han estado ocultando. Encuentra la única persona o cosa que puede hacer que actúen fuera de la norma. Si funciona dentro de la historia, inclúyelo. Cuanto más sutilmente puedas hacer esto, mejor. Tengo la mala costumbre de que siempre otro personaje se dé cuenta y, a menudo, comente la contradicción. Probablemente esto se deba a que me encanta escribir personajes que disfrutan haciendo que los demás se retuerzan. Sin embargo, por el bien del lector, sé que a menudo sería mejor no señalarlo, para que el lector pueda llegar a su propia conclusión y hacer su propio comentario interno al respecto. Supongo que mi disposición a dar consejos contradice mi renuencia a recibir orientación de otros o incluso de mí mismo. Se podría decir que eso me hace interesante. Por otra parte, casi todo el mundo tiene contradicciones como estas.

Ahí radica mi punto: las personas reales son un manojo de contradicciones. Los personajes ficticios son solo imágenes de los autores de ‘personas reales’, a veces exageradas, a veces subestimadas, pero, si se hacen bien, siempre con múltiples facetas. Si de lunes a viernes puedo ser Mamá Osa para mis alumnos de séptimo grado, llamándolos cariño (en esta época del año, porque todavía tengo que aprenderme sus nombres) y sonriendo incluso cuando quiero gritar, pero cuando llegue el domingo me convertiré en un grito, fanático del fútbol que ama el sonido de las almohadillas que crujen casi tanto como el de las hojas que caen bajo los pies, mis personajes ciertamente deberían tener sus propias contradicciones. Las contradicciones en los personajes, como en nosotros mismos, no son dos fuerzas opuestas que tiran una de la otra; son las diferencias dentro de nosotros que crean la armonía entre quienes somos y quienes queremos ser.

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